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miércoles, 21 de mayo de 2014

OS AFOGADOS



Demasiadas veces
deixamos morrer
nunha praia,
en calquera praia,
soños nacidos a miles
de quilómetros.
Así é como se tinguen
as fronteiras de sangue,
como a fame rebenta
as conciencias dos informativos,
con arames que cencenan
a pel do futuro.
É entonces cando o termo
fronteira
adquire o seu senso,
unha semiótica de dor
e hipocrisía,
con significados de egoísmo
e significantes de traxedia.
Porque o caso
non é que as fronteiras
estean lixadas
dese vermello acusador,
senón que se constrúen,
dende
o
principio
dos
tempos,
con sangue.

jueves, 15 de mayo de 2014

ENTREVERSADOS, LA POESÍA Y LA MÚSICA

Yo siempre dije que escribía porque no sabía hacer otra cosa, y entre esas muchas cosas que nunca supe hacer y que me hubiese gustado está la música. Ya he escrito en este blog más de una vez sobre la envidia que le tengo a los músicos por el trabajo colectivo frente a lo solitario de escribir. Así, cuando surgió esta idea de boca de Pablo Grela no me lo pensé. Y así nació Entreversados.
Entreversados es un proyecto de espectáculo poético musical en el que recito textos míos, con Pablo Grela a la guitarra - con composiciones propias -, y con Héctor Varela y Javi Montaña a la percusión. Es una fusión de música y poesía en la que, de pronto, cada poema cobra una dimensión nueva. Siempre, de alguna manera, había querido tener un grupo musical, pues ahora estoy en uno, o, al menos, la forma más aproximada en que un escritor puede estar en un grupo.
Siempre opiné que ninguna disciplina artística es un compartimento estanco, sino un elemento permeable a las demás, a cualquier aspecto de la vida en general. Es por esto que estoy tan ilusionado con ENTREVERSADOS, que por el momento va naciendo y todavía es solamente una parte de lo que espera ser, porque al fin - si la poesía siempre fue ritmo - los versos ahora son música.
Otro motivo es la difusión. Yo apenas voy a recitales poéticos, creo que tienen un gran problema de difusión (los míos anteriormente incluídos), hay que ser un gran recitador, como es el caso de Carlos Oroza, para engancharte con un poema a viva voz. Como no era mi caso esta es la forma perfecta para hacernos escuchar. Así que desde ahora existe Entreversados como fusión entre música y versos. Lo próximo será moverlo, conseguir actuaciones, curtirnos en el escenario... me encanta la idea.

Os enlazo el soundcloud con los temas que hemos grabado gracias a la inestimable colaboración de Xandre Outeiro y Diego Pintos, apoyo incondicional y unos verdaderos profesionales en todas esas técnicas que se escapan a mi conocimiento:


Si alguien está interesado en llevarnos a tocar a algún sitio (sí, esta es una entrada promocional), nuestro correo electrónico es entreversados@gmail.com.

Y ahora... a sumergirse en la música y el verso.



lunes, 12 de mayo de 2014

MONÓLOGO INCOHERENTE




         MONÓLOGO INCOHERENTE

Quizás te regale un crepúsculo de manos tristes,
o llene estrofas de combinaciones aleatorias
de palabras. Algo así como
el amor y su anochecer frío de invierno, seis de
la tarde, me suena tu abrazo a canción
de music hall.
Queda el resquicio entre palabra y palabra
del verso más triste, leído en un día
que pasó de puntillas,
queda mi amor de entrega absoluta
en esa partida en la que tenías
las cartas marcadas.
O tal vez te olvide, y pase este tiempo
de mendigar la calidez de tus labios;
tendré de nuevo fe en la derrota y,
como prometí, no llenaré folios
reclamando la valentía de quererme.
Nota: reducir el énfasis de estos versos.
Quizás no dejar que se filtre la aflicción,
que es como un lastre de copos de nieve.
Sé que al final del juego me quedarán versos rotos,
y una desazón como la de los globos deshinchados
después de una fiesta,
pero eres una inscripción en la piedra del recuerdo,
y el poema podría ser tan infinito como la distancia
que a veces nos imponemos.

miércoles, 30 de abril de 2014

FESTIVAL 4.- INSTITUTO, NIT DE LA POESÍA, PROYECCIONES, AMIGOS…





Hoy termino mi crónica, que ya he tardado bastante.
El jueves, a pesar de la fiesta del día anterior, desayunamos de forma sumamente disciplinada a tempranas horas de la mañana. Había un aire como de día grande, de recital definitivo. Se notaba en la gente que la convivencia nos había convertido más en un colectivo que en una suma de individualidades.
Los desayunos eran algo más bien perezoso, en los que la gente iba bajando de las habitaciones con cara de sueño, con ganas de café. Al poco estábamos prestos para ir caminando hasta la visita guiada de la catedral de Palma. Lloviznaba esa mañana, en uno de esos días climatológicamente confusos.
            La catedral de Palma es increíble, con la permanente presencia de Gaudí, artista único, y la inigualable capilla de Mikel Barceló. La verdad es que cuando te empapas de belleza el día parece que es distinto, como si una pintura de felicidad estética recubriese el filtro de las cosas. Biel Mesquida, además, ejerció de estupendo guía durante toda la visita.
            De la catedral fuimos al instituto Joan Alcover, en donde teníamos programado un nuevo recital. Los alumnos leían en primer lugar la versión en catalán de nuestros poemas y después los recitábamos en su idioma original. Gran participación del alumnado, con mucho respeto y pasión por la creación poética. No me recordaban a mí en absoluto, porque en mi instituto éramos bastante menos respetuosos. Los vi allí, escuchando con interés y me sentí emocionado, con ganas de decirles un montón de cosas sobre la vida como si fuese el abuelo Cebolleta, pero sólo les dije que creciesen todo lo que pudiesen… sin hacerse mayores nunca. Durante el pincho que nos ofrecieron después “confraternizamos” con ellos, y fue un placer.
            Tras la comida teníamos, en palabras de Biel Mesquida, cierta libertad vigilada hasta la hora del recital. Pedro Oliver me llamó y me dio en qué ocupar la tarde, echándole una mano en la preparación del recital, en el que los poemas se abrazaban a proyecciones que estaban a cargo de él, de Óscar Mora y de Salvia Ferrer (perdón si me olvido de alguien, soy un poco desastre para estas cosas). La verdad es que no creo que les haya ayudado mucho, pero me hizo sentirme parte de lo audiovisual, arte que se me escapa, y comprendí que los versos no serían lo mismo sin esas imágenes, que el recital adquiría una dimensión distinta. El arte ha nacido para ser permeable, para unir disciplinas en un total distinto. Uno más uno no suman dos en este caso, suman mucho… o todo. Gracias a los artistas que trabajan con valores plásticos, que a mí se me escapan, en mi próximo recital llevaré la camiseta del festival, diseñada por Pedro.

            Por la noche, por fin, la Nit de la Poesia, en un teatro precioso, dispuestos en mesas con botellas de vino, como debe ser. Un gran momento, en el que Lucía Pietrelli me dijo “me siento a tu lado, que me das tranquilidad”, gracias Lucía por ese voto de confianza. La verdad es que en momentos grandes intento no tomarme nada en serio porque así no me pongo nervioso, y porque en realidad me cuesta tomarme las cosas en serio.
Biel Mesquida comenzó con un alegato a favor de la poesía y de la lengua (“¡Catalá, catalá, catalá!”), y nos fue presentando a cada uno con su particular forma de hacer las cosas. Cada momento fue único, cada poeta, en combinación con las proyecciones a pantalla grande, hizo su mejor papel, regalando versos, sentimientos, emociones, vida al fin y al cabo, a un público entregadísimo (como recité en tercer lugar me puse de verano con el vino, pero en fin, son cosas del artisteo). El conjunto final fue mágico, sé que es una palabra tópica, pero me sentía dentro de un mundo distinto allí arriba.
            A la salida del teatro sucedió algo que no me esperaba, y era que los alumnos del instituto nos aguardaban para que les firmásemos el libro. Yo soy mucho más tímido de lo que parezco, por lo que aquello, en verdad, me emocionó. Tienen un gran futuro estos chicos.
            Después “cenamos” unas cocas en una galería con restaurante (me van a matar, pero no recuerdo el nombre), por lo que tuvimos que irnos a comer un bocata antes de la fiesta final, de bar en bar por Palma de Mallorca. Como siempre, Pedro y yo fuimos los últimos de la fiesta, junto con Salvia y Óscar.

            La mañana siguiente fue de desayuno y despedidas, de paseo por la zona vieja de Palma, de Antoni Mari regalándome un libro de Proust editado por él, de ir de vinos, de comer en casa de Susi y Pedro porque iba con mucha prisa, de viajar al aeropuerto en una furgoneta a punto de romperse (gracias de nuevo, Pedro), de horas en Barajas… y de volver a casa con una mirada distinta, poética y mediterránea. Nunca olvidaré a cada uno de los nuevos amigos que hice en este viaje, porque, como me dijo un camarero, los kilómetros son cultura, y porque los viajes están para ganar espacios y amigos. 

             

lunes, 21 de abril de 2014

ADIÓS, GABO



            Ya está bien; no voy a hacer un homenaje intentando imitar su estilo, ni aplicando el realismo mágico que él también cultivó. Ya está bien porque en estos últimos años se han muerto Benedetti, Carlos Fuentes, Leopoldo María Panero y ahora Gabriel García Márquez, porque si hay un cielo para grandes escritores debe estar acumulando su lista de espera. Hoy, tras estos días de homenaje global, me siento todavía más cabreado que entusiasta por escribir algo en su honor.
            Ya he explicado unas cuantas veces que hay libros que te abren puertas a nuevas concepciones de la literatura, que te hacen ver que otra forma de hacer las cosas es posible. Gabo fue mi puerta más grande, la más definitoria de lo que vendría a ser mi posterior viaje por la lectura. Hace ya una infinidad de años, cuando tenía dieciséis, mi prima Leonor puso en mis manos un ejemplar nuevecito de Cien años de soledad, recién comprado en la ya extinta librería Michelena (que era un templo). Yo no tenía ningún tipo de referencia sobre García Márquez, de verdad. Y fue la gran puerta de entrada.
            Tras leer las consabidas primeras líneas que casi todos podemos recitar de memoria “Ante el pelotón de fusilamiento…”, un mundo nuevo se abría ante mí – frase tópica donde las haya – pero no era sólo el universo de García Márquez, con su infinito talento para contar historias y su ritmo endiablado. Era el mundo de Rulfo, Cortázar, Onetti, Fuentes, Mariano Azuela, Alejo Carpentier, Vargas Llosa y todo ese largo etcétera que compone la literatura hispanoamericana. Para mí Gabo fue el salto al otro lado del océano; supuso el nacimiento de una pasión por toda esa exhuberancia literaria. A Gabriel le debo sus historias y las historias de muchos otros, porque empecé con él, y fue la mejor forma de empezar.
            Ha muerto en familia, con discreción, como sabiendo que la locura de los homenajes vendría después, y a una edad en la que es casi normal morirse. Sin embargo no puedo evitar seguir enfadado porque ya no va a escribir más y porque, en parte, cuando alguien así se muere también lo hace parte de tu imaginario. Decía Ovidio en Las Metamorfosis: “yo no moriré, pues ahí donde lleguen los brazos del Imperio la gente me leerá”. Y así será, todo el mundo se empeña en decirlo, con Gabo, pero se nos han muerto sus libros futuros, nonatos, llenos de palabras que no verán la luz. Estos días Aracataca está afónica, Macondo se hunde en las aguas del tiempo, o se la lleva el viento, no sé, todavía no se me ha pasado el cabreo y no puedo ser muy lúcido.
            Va por ti, Gabo, gracias y buen viaje.
           

martes, 15 de abril de 2014

FESTIVAL DE POESÍA DE LA MEDITERRÁNEA, CAPÍTULO III



CÁRCEL, L’OFF, OFF FESTIVAL, CATACLÌSTICS DISPERSÒNICS

El penúltimo día del festival transcurrió a un ritmo distinto, tal vez porque era el más peculiar o porque yo quería aprehender cada momento que estaba viviendo en Mallorca. Fue el día del recital en la cárcel, el día de los gintonics y el del evento cataclístico, pero vayamos por orden.
            Biel Mesquida siempre nos explicaba, de inicio, el plan para cada día. En nuestro “horario laboral” figuraba, para la mañana, un recital en la cárcel de Palma. Aquel fue el último viaje del poetamóvil. Tuvimos que esperar un buen rato en la puerta, y a cada control que íbamos pasando, con cada puerta que se abría para cerrarse a nuestro paso, aumentaba esa solemnidad opresiva, esa carga de vidas truncadas que parecía enrarecer el ambiente. En el salón de actos, un montón de “usuarios” del centro aguardaban por nosotros. Entre la canción de Roger y la glosa de Mateu, el público carcelario empalizó con el heterogéneo colectivo que formábamos los nómadas poéticos. Tengo que confesar que nunca me había puesto tan nervioso en un recital, quizás por la emoción que nos trasmitió a todos el evento. Se notaba el interés, el agradecimiento por variar un ápice su rutina diaria. Ese agradecimiento lo expresaron verbalmente al final del recital. Yo creo que éramos diferentes tras aquel momento. He de apuntar, por cierto, que tanto Christian Sinicco como Carol Warren me indicaron que las cárceles de sus países eran bastante más precarias. Ya sabían los políticos que las construyeron que tenían grandes posibilidades de acabar dentro de ellas.
            Después tuvimos, en palabras de Biel, un rato de libertad vigilada. Comida y posteriores gintonics con Lucia Pietrelli, Gloria Juliá, Pau Vadell, Mateu Xurí y Maribel, mientras hacíamos tiempo para los actos de la tarde. Workshop de María Jesús y exposición de Rafael Joan, un pintor muy querido en la isla, al que se hacía un acto de justicia con una retrospectiva en Els Baluard. Estos dos eventos me los perdí porque yo soy, ante todo, un cataclìstic.
            Resulta que antes del festival estaban, en mi pequeño universo personal, mi amigo Pedro Oliver, el responsable del diseño de los logotipos y la antología del festival y unas cuantas cosas más que lo dotan de su particular identidad estética. A través de él me puse en contacto con el colectivo Cataclìstics Dispersònics; además, durante años, me llegaban a mi rincón en el noroeste las antologías de anteriores festivales, con lo que el eco del evento mallorquín se reproducía en Galicia.
Nueve años llevan ya (yo llevo unos cuantos menos) realizando su particular fanzine-happening en bienales y festivales. De hecho, que me corrijan si me equivoco, nacieron con este festival. Este colectivo engloba a artistas en su mayoría del Levante, pero hay una conexión gallega de la que a mí me han concedido el privilegio de formar parte. Un fanzine nuevo en cada ocasión, una intervención sobre el mismo en vivo y en directo, una fiesta con gran componente artístico… después de todo, uno de los lemas de los Cataclìstics es que nunca están todos los que son pero siempre son todos los que están.
            A media tarde, algo nublado por los gintónics de la tarde, me dirigí al Cabaret Galactic para ayudar en lo que pudiese en la intervención del fanzine. Estaban Pedro y Susi, de Palma, Óscar y Salvia, de Valencia… y más, por supuesto. Allí pasamos la tarde, convirtiendo cada fanzine en una obra única.  Todos iguales pero todos diferentes. Después, la cena y la posterior fiesta cataclística en el mencionado Cabaret.
La fiesta consistió en el off festival, dado que carecía de financiación oficial. Off, l’off, setze, sexe… eran los lemas del fanzine en la convocatoria que nos había reunido en torno a él. Fue una fiesta mágica, diferente, en la que recitamos poemas y cantamos canciones. Al mismo tiempo, se adornó todo con videoproyecciones marca de la casa, a las que se sumaron dos videopoemas de Dionisio Cañas. 
            Aquella fiesta dio lugar a un momento único, el cruce entre la glosa y la regueifa (eso es fusión y lo demás son tonterías) que hicimos Mateu, Maribel y yo. Creo que de tomárselo en serio me machacarían.
            Con el cierre del Cabaret conocimos la noche mallorquina, algo vacía de gente, pero siempre a nuestra disposición. Allí empezaba la parte gamberra del festival, la que en realidad daba por hecha. Había que madrugar, sí, pero no siempre se puede domar a los poetas.

jueves, 10 de abril de 2014

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE LA MEDITERRÀNEA, SEGUNDO CAPÍTULO



CAPÍTULO 2

ON THE ROAD

Guest starring: Pau Vadell, Mallorca. Traficant culturall.

            El segundo día en el festival fue un día de carretera, de coches, de nuestro microbus particular, guiado por Juan, en el que ahondamos en la comunicación entre los integrantes de la comitiva (siempre quise escribir esta palabra). Debido a la insistencia de Biel, me había levantado hipertemprano y me dediqué a pasear solo por el pueblo de Sant Jordi hasta que el resto de la gente abrió los ojos. En la posesió nos ofrecieron un desayuno de los de verdad, y de ahí a la carretera… a confundirnos de camino. Algo hubo de cruce de informaciones que cogimos el camino hacia Búger en lugar de ir a Palma. Casi al llegar, mientras Christian Sinicco y yo hablábamos sobre las vicisitudes del Inter de Milán – conversación poética como Dios manda - alguien se dio cuenta.
            Debido a esta confusión llegamos tarde a la rueda de prensa, típica exposición a las autoridades competentes y a la prensa, con discursos y demás. Tuvo lugar en los jardines del centro cultural La Misericòrdia, construido inicialmente para acoger indigentes; ateniéndonos a la historia, se trata de un sitio perfecto para los poetas, seres próximos a esa desgraciada circunstancia vital que es la indigencia. En estos actos yo me siento un poco como un niño travieso con ganas de hacer pedorretas; pero me contuve y mantuve el tipo como si estuviese curtido en mil como esas, será que me hago mayor.
            Tras el evento formal, por fin nos subimos a nuestro poetamóvil, camino a Búger, a la fundación ACA, donde grabaron nuestras voces recitando versos para la posteridad, con la asistencia técnica del Alma Mater de la fundación, que se parecía curiosamente a Gandalf. Después nos invitaron a un arroz brut, viva la gastronomía mallorquina. Volvimos de nuevo al bus con el sopor de la digestión que dan las comidas contundentes y picantes regadas por vino, encarando una empinadísima cuesta que no servía de mucha ayuda.
            En el bus nació algo, en verdad lo pienso. En el bus Antoni Marí, Dionisio Cañas, Roger Pelaez y yo nos hicimos amigos. Antoni tiene ironía isleña, lo que para un gallego es lo más parecido a la retranca, así que interiormente me di cuenta de que nos íbamos a llevar bien. En el largo camino hacia Santanyi estrechamos lazos mientras Lucía Pietrelli se callaba sonriente, escuchando el intercambio de chistes, puñales y canciones, y los demás dormían una digestiva siesta. Realmente, creo que la hermandad del festival nació en ese bus. Así, en el pueblo, en el recital que dimos en la fundación Blai Bonet, ya no éramos los mismos, como decía Neruda en sus versos más tristes (toma cita adolescente).
            El de la fundación fue un recital íntimo, con poca gente, en una sala pequeña, con posterior degustación de vinos, que es como me gustan los recitales. Además, era como meternos en materia, recitando por fin para gente que no éramos nosotros. También me sirvió para conocer a Blai Bonet, acorde con esta desinformación que tenemos sobre los escritores en las otras lenguas peninsulares.
            Como siempre, Biel Mesquida, en su papel de comandante, nos impuso la prisa y nos tuvimos que volver en el bus para poder cenar en el hotel, como personas formales. Creo que fue en ese hotel, el Jaime III, cuando volvía de tomar algo con Pau Vadell, Lucía Pietrelli y Roger Pelàez (si la memoria me falla, que me disculpen los que estuviesen), cuando me di cuenta de verdad de que estaba allí. Bebiendo un Gintónic con Antoni Marí, con Maria Jesús – la encargada del hotel – y dos señores más de los que no recuerdo el nombre. Dejando que pasase el tiempo, robándole horas al sueño mecido por la ginebra, solamente con la intención de agarrar cada minuto con la punta de los dedos e imprimirlo en el papel de los recuerdos.