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miércoles, 30 de abril de 2014

FESTIVAL 4.- INSTITUTO, NIT DE LA POESÍA, PROYECCIONES, AMIGOS…





Hoy termino mi crónica, que ya he tardado bastante.
El jueves, a pesar de la fiesta del día anterior, desayunamos de forma sumamente disciplinada a tempranas horas de la mañana. Había un aire como de día grande, de recital definitivo. Se notaba en la gente que la convivencia nos había convertido más en un colectivo que en una suma de individualidades.
Los desayunos eran algo más bien perezoso, en los que la gente iba bajando de las habitaciones con cara de sueño, con ganas de café. Al poco estábamos prestos para ir caminando hasta la visita guiada de la catedral de Palma. Lloviznaba esa mañana, en uno de esos días climatológicamente confusos.
            La catedral de Palma es increíble, con la permanente presencia de Gaudí, artista único, y la inigualable capilla de Mikel Barceló. La verdad es que cuando te empapas de belleza el día parece que es distinto, como si una pintura de felicidad estética recubriese el filtro de las cosas. Biel Mesquida, además, ejerció de estupendo guía durante toda la visita.
            De la catedral fuimos al instituto Joan Alcover, en donde teníamos programado un nuevo recital. Los alumnos leían en primer lugar la versión en catalán de nuestros poemas y después los recitábamos en su idioma original. Gran participación del alumnado, con mucho respeto y pasión por la creación poética. No me recordaban a mí en absoluto, porque en mi instituto éramos bastante menos respetuosos. Los vi allí, escuchando con interés y me sentí emocionado, con ganas de decirles un montón de cosas sobre la vida como si fuese el abuelo Cebolleta, pero sólo les dije que creciesen todo lo que pudiesen… sin hacerse mayores nunca. Durante el pincho que nos ofrecieron después “confraternizamos” con ellos, y fue un placer.
            Tras la comida teníamos, en palabras de Biel Mesquida, cierta libertad vigilada hasta la hora del recital. Pedro Oliver me llamó y me dio en qué ocupar la tarde, echándole una mano en la preparación del recital, en el que los poemas se abrazaban a proyecciones que estaban a cargo de él, de Óscar Mora y de Salvia Ferrer (perdón si me olvido de alguien, soy un poco desastre para estas cosas). La verdad es que no creo que les haya ayudado mucho, pero me hizo sentirme parte de lo audiovisual, arte que se me escapa, y comprendí que los versos no serían lo mismo sin esas imágenes, que el recital adquiría una dimensión distinta. El arte ha nacido para ser permeable, para unir disciplinas en un total distinto. Uno más uno no suman dos en este caso, suman mucho… o todo. Gracias a los artistas que trabajan con valores plásticos, que a mí se me escapan, en mi próximo recital llevaré la camiseta del festival, diseñada por Pedro.

            Por la noche, por fin, la Nit de la Poesia, en un teatro precioso, dispuestos en mesas con botellas de vino, como debe ser. Un gran momento, en el que Lucía Pietrelli me dijo “me siento a tu lado, que me das tranquilidad”, gracias Lucía por ese voto de confianza. La verdad es que en momentos grandes intento no tomarme nada en serio porque así no me pongo nervioso, y porque en realidad me cuesta tomarme las cosas en serio.
Biel Mesquida comenzó con un alegato a favor de la poesía y de la lengua (“¡Catalá, catalá, catalá!”), y nos fue presentando a cada uno con su particular forma de hacer las cosas. Cada momento fue único, cada poeta, en combinación con las proyecciones a pantalla grande, hizo su mejor papel, regalando versos, sentimientos, emociones, vida al fin y al cabo, a un público entregadísimo (como recité en tercer lugar me puse de verano con el vino, pero en fin, son cosas del artisteo). El conjunto final fue mágico, sé que es una palabra tópica, pero me sentía dentro de un mundo distinto allí arriba.
            A la salida del teatro sucedió algo que no me esperaba, y era que los alumnos del instituto nos aguardaban para que les firmásemos el libro. Yo soy mucho más tímido de lo que parezco, por lo que aquello, en verdad, me emocionó. Tienen un gran futuro estos chicos.
            Después “cenamos” unas cocas en una galería con restaurante (me van a matar, pero no recuerdo el nombre), por lo que tuvimos que irnos a comer un bocata antes de la fiesta final, de bar en bar por Palma de Mallorca. Como siempre, Pedro y yo fuimos los últimos de la fiesta, junto con Salvia y Óscar.

            La mañana siguiente fue de desayuno y despedidas, de paseo por la zona vieja de Palma, de Antoni Mari regalándome un libro de Proust editado por él, de comer en casa de vinos, de comer en casa de Susi y Pedro porque iba con mucha prisa, de viajar al aeropuerto en una furgoneta a punto de romperse (gracias de nuevo, Pedro), de horas en Barajas… y de volver a casa con una mirada distinta, poética y mediterránea. Nunca olvidaré a cada uno de los nuevos amigos que hice en este viaje, porque, como me dijo un camarero, los kilómetros son cultura, y porque los viajes están para ganar espacios y amigos. 

             

lunes, 21 de abril de 2014

ADIÓS, GABO



            Ya está bien; no voy a hacer un homenaje intentando imitar su estilo, ni aplicando el realismo mágico que él también cultivó. Ya está bien porque en estos últimos años se han muerto Benedetti, Carlos Fuentes, Leopoldo María Panero y ahora Gabriel García Márquez, porque si hay un cielo para grandes escritores debe estar acumulando su lista de espera. Hoy, tras estos días de homenaje global, me siento todavía más cabreado que entusiasta por escribir algo en su honor.
            Ya he explicado unas cuantas veces que hay libros que te abren puertas a nuevas concepciones de la literatura, que te hacen ver que otra forma de hacer las cosas es posible. Gabo fue mi puerta más grande, la más definitoria de lo que vendría a ser mi posterior viaje por la lectura. Hace ya una infinidad de años, cuando tenía dieciséis, mi prima Leonor puso en mis manos un ejemplar nuevecito de Cien años de soledad, recién comprado en la ya extinta librería Michelena (que era un templo). Yo no tenía ningún tipo de referencia sobre García Márquez, de verdad. Y fue la gran puerta de entrada.
            Tras leer las consabidas primeras líneas que casi todos podemos recitar de memoria “Ante el pelotón de fusilamiento…”, un mundo nuevo se abría ante mí – frase tópica donde las haya – pero no era sólo el universo de García Márquez, con su infinito talento para contar historias y su ritmo endiablado. Era el mundo de Rulfo, Cortázar, Onetti, Fuentes, Mariano Azuela, Alejo Carpentier, Vargas Llosa y todo ese largo etcétera que compone la literatura hispanoamericana. Para mí Gabo fue el salto al otro lado del océano; supuso el nacimiento de una pasión por toda esa exhuberancia literaria. A Gabriel le debo sus historias y las historias de muchos otros, porque empecé con él, y fue la mejor forma de empezar.
            Ha muerto en familia, con discreción, como sabiendo que la locura de los homenajes vendría después, y a una edad en la que es casi normal morirse. Sin embargo no puedo evitar seguir enfadado porque ya no va a escribir más y porque, en parte, cuando alguien así se muere también lo hace parte de tu imaginario. Decía Ovidio en Las Metamorfosis: “yo no moriré, pues ahí donde lleguen los brazos del Imperio la gente me leerá”. Y así será, todo el mundo se empeña en decirlo, con Gabo, pero se nos han muerto sus libros futuros, nonatos, llenos de palabras que no verán la luz. Estos días Aracataca está afónica, Macondo se hunde en las aguas del tiempo, o se la lleva el viento, no sé, todavía no se me ha pasado el cabreo y no puedo ser muy lúcido.
            Va por ti, Gabo, gracias y buen viaje.
           

martes, 15 de abril de 2014

FESTIVAL DE POESÍA DE LA MEDITERRÁNEA, CAPÍTULO III



CÁRCEL, L’OFF, OFF FESTIVAL, CATACLÌSTICS DISPERSÒNICS

El penúltimo día del festival transcurrió a un ritmo distinto, tal vez porque era el más peculiar o porque yo quería aprehender cada momento que estaba viviendo en Mallorca. Fue el día del recital en la cárcel, el día de los gintonics y el del evento cataclístico, pero vayamos por orden.
            Biel Mesquida siempre nos explicaba, de inicio, el plan para cada día. En nuestro “horario laboral” figuraba, para la mañana, un recital en la cárcel de Palma. Aquel fue el último viaje del poetamóvil. Tuvimos que esperar un buen rato en la puerta, y a cada control que íbamos pasando, con cada puerta que se abría para cerrarse a nuestro paso, aumentaba esa solemnidad opresiva, esa carga de vidas truncadas que parecía enrarecer el ambiente. En el salón de actos, un montón de “usuarios” del centro aguardaban por nosotros. Entre la canción de Roger y la glosa de Mateu, el público carcelario empalizó con el heterogéneo colectivo que formábamos los nómadas poéticos. Tengo que confesar que nunca me había puesto tan nervioso en un recital, quizás por la emoción que nos trasmitió a todos el evento. Se notaba el interés, el agradecimiento por variar un ápice su rutina diaria. Ese agradecimiento lo expresaron verbalmente al final del recital. Yo creo que éramos diferentes tras aquel momento. He de apuntar, por cierto, que tanto Christian Sinicco como Carol Warren me indicaron que las cárceles de sus países eran bastante más precarias. Ya sabían los políticos que las construyeron que tenían grandes posibilidades de acabar dentro de ellas.
            Después tuvimos, en palabras de Biel, un rato de libertad vigilada. Comida y posteriores gintonics con Lucia Pietrelli, Gloria Juliá, Pau Vadell, Mateu Xurí y Maribel, mientras hacíamos tiempo para los actos de la tarde. Workshop de María Jesús y exposición de Rafael Joan, un pintor muy querido en la isla, al que se hacía un acto de justicia con una retrospectiva en Els Baluard. Estos dos eventos me los perdí porque yo soy, ante todo, un cataclìstic.
            Resulta que antes del festival estaban, en mi pequeño universo personal, mi amigo Pedro Oliver, el responsable del diseño de los logotipos y la antología del festival y unas cuantas cosas más que lo dotan de su particular identidad estética. A través de él me puse en contacto con el colectivo Cataclìstics Dispersònics; además, durante años, me llegaban a mi rincón en el noroeste las antologías de anteriores festivales, con lo que el eco del evento mallorquín se reproducía en Galicia.
Nueve años llevan ya (yo llevo unos cuantos menos) realizando su particular fanzine-happening en bienales y festivales. De hecho, que me corrijan si me equivoco, nacieron con este festival. Este colectivo engloba a artistas en su mayoría del Levante, pero hay una conexión gallega de la que a mí me han concedido el privilegio de formar parte. Un fanzine nuevo en cada ocasión, una intervención sobre el mismo en vivo y en directo, una fiesta con gran componente artístico… después de todo, uno de los lemas de los Cataclìstics es que nunca están todos los que son pero siempre son todos los que están.
            A media tarde, algo nublado por los gintónics de la tarde, me dirigí al Cabaret Galactic para ayudar en lo que pudiese en la intervención del fanzine. Estaban Pedro y Susi, de Palma, Óscar y Salvia, de Valencia… y más, por supuesto. Allí pasamos la tarde, convirtiendo cada fanzine en una obra única.  Todos iguales pero todos diferentes. Después, la cena y la posterior fiesta cataclística en el mencionado Cabaret.
La fiesta consistió en el off festival, dado que carecía de financiación oficial. Off, l’off, setze, sexe… eran los lemas del fanzine en la convocatoria que nos había reunido en torno a él. Fue una fiesta mágica, diferente, en la que recitamos poemas y cantamos canciones. Al mismo tiempo, se adornó todo con videoproyecciones marca de la casa, a las que se sumaron dos videopoemas de Dionisio Cañas. 
            Aquella fiesta dio lugar a un momento único, el cruce entre la glosa y la regueifa (eso es fusión y lo demás son tonterías) que hicimos Mateu, Maribel y yo. Creo que de tomárselo en serio me machacarían.
            Con el cierre del Cabaret conocimos la noche mallorquina, algo vacía de gente, pero siempre a nuestra disposición. Allí empezaba la parte gamberra del festival, la que en realidad daba por hecha. Había que madrugar, sí, pero no siempre se puede domar a los poetas.

jueves, 10 de abril de 2014

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE LA MEDITERRÀNEA, SEGUNDO CAPÍTULO



CAPÍTULO 2

ON THE ROAD

Guest starring: Pau Vadell, Mallorca. Traficant culturall.

            El segundo día en el festival fue un día de carretera, de coches, de nuestro microbus particular, guiado por Juan, en el que ahondamos en la comunicación entre los integrantes de la comitiva (siempre quise escribir esta palabra). Debido a la insistencia de Biel, me había levantado hipertemprano y me dediqué a pasear solo por el pueblo de Sant Jordi hasta que el resto de la gente abrió los ojos. En la posesió nos ofrecieron un desayuno de los de verdad, y de ahí a la carretera… a confundirnos de camino. Algo hubo de cruce de informaciones que cogimos el camino hacia Búger en lugar de ir a Palma. Casi al llegar, mientras Christian Sinicco y yo hablábamos sobre las vicisitudes del Inter de Milán – conversación poética como Dios manda - alguien se dio cuenta.
            Debido a esta confusión llegamos tarde a la rueda de prensa, típica exposición a las autoridades competentes y a la prensa, con discursos y demás. Tuvo lugar en los jardines del centro cultural La Misericòrdia, construido inicialmente para acoger indigentes; ateniéndonos a la historia, se trata de un sitio perfecto para los poetas, seres próximos a esa desgraciada circunstancia vital que es la indigencia. En estos actos yo me siento un poco como un niño travieso con ganas de hacer pedorretas; pero me contuve y mantuve el tipo como si estuviese curtido en mil como esas, será que me hago mayor.
            Tras el evento formal, por fin nos subimos a nuestro poetamóvil, camino a Búger, a la fundación ACA, donde grabaron nuestras voces recitando versos para la posteridad, con la asistencia técnica del Alma Mater de la fundación, que se parecía curiosamente a Gandalf. Después nos invitaron a un arroz brut, viva la gastronomía mallorquina. Volvimos de nuevo al bus con el sopor de la digestión que dan las comidas contundentes y picantes regadas por vino, encarando una empinadísima cuesta que no servía de mucha ayuda.
            En el bus nació algo, en verdad lo pienso. En el bus Antoni Marí, Dionisio Cañas, Roger Pelaez y yo nos hicimos amigos. Antoni tiene ironía isleña, lo que para un gallego es lo más parecido a la retranca, así que interiormente me di cuenta de que nos íbamos a llevar bien. En el largo camino hacia Santanyi estrechamos lazos mientras Lucía Pietrelli se callaba sonriente, escuchando el intercambio de chistes, puñales y canciones, y los demás dormían una digestiva siesta. Realmente, creo que la hermandad del festival nació en ese bus. Así, en el pueblo, en el recital que dimos en la fundación Blai Bonet, ya no éramos los mismos, como decía Neruda en sus versos más tristes (toma cita adolescente).
            El de la fundación fue un recital íntimo, con poca gente, en una sala pequeña, con posterior degustación de vinos, que es como me gustan los recitales. Además, era como meternos en materia, recitando por fin para gente que no éramos nosotros. También me sirvió para conocer a Blai Bonet, acorde con esta desinformación que tenemos sobre los escritores en las otras lenguas peninsulares.
            Como siempre, Biel Mesquida, en su papel de comandante, nos impuso la prisa y nos tuvimos que volver en el bus para poder cenar en el hotel, como personas formales. Creo que fue en ese hotel, el Jaime III, cuando volvía de tomar algo con Pau Vadell, Lucía Pietrelli y Roger Pelàez (si la memoria me falla, que me disculpen los que estuviesen), cuando me di cuenta de verdad de que estaba allí. Bebiendo un Gintónic con Antoni Marí, con Maria Jesús – la encargada del hotel – y dos señores más de los que no recuerdo el nombre. Dejando que pasase el tiempo, robándole horas al sueño mecido por la ginebra, solamente con la intención de agarrar cada minuto con la punta de los dedos e imprimirlo en el papel de los recuerdos.

lunes, 7 de abril de 2014

FESTIVAL DE POESÍA DE LA MEDITERRÀNEA, CAPÍTULO 1

A lo largo de la semana pasada asistí como poeta invitado al XVI Festival de Poesía de la Mediterrànea. En las próximas entradas intentaré publicar una crónica lo más fiel posible de mi experiencia en el mismo. Por capítulos que es larga. Por lo demás, el ritmo de publicación de estos capítulos será aleatorio. Puede que las escriba todas hoy o que tarde un mes. Ahí va el primero:



CAPÍTULO UNO

NOTAS PARA LA CRÓNICA DE UN FESTIVAL

Personajes:

Los poetas:

Dioniso Cañas, Tomelloso.
Mezouar El Idrissi, Marruecos.
Glória Juliá, Parlma de Mallorca.
Antoni Marí, Ibiza.
Mateu Matas, Mallorca.
Adnan Özer, Turquía.
Roger Pelàez, Cataluña.
Lucia Pietrelli, Italia, Palma de Mallorca.
Blanca Luz Pulido, México.
Rodrigo Rey, Galicia.
Pedro Sena-Lino, Portugal.
Cristian Sinicco, Italia.
Louise Warren, Canadá.

Comandante en jefe:

Biel Mesquida, poeta, Palma de Mallorca.

Colaboradores:

Pedro Oliver, pintor, cataclístic, amigo, encargado del grafismo del festival, Palma de Mallorca.
Susi, cataclístic, amiga, Vigo, residente en Palma.
Margalida, anfitriona, Palma de Mallorca.
Neus Ribas, gestora, Palma de Mallorca.
Antoni Picornell, Marta Ferré, Romà Arrom, traductores. 


            Entre dos vuelos, con sus esperas entre la asepsia de los aeropuertos, con sus transportes de equipaje, con los chequing, con la amabilidad de las empleadas de Iberia… entre dos vuelos, que fueron tres con el transbordo de la vuelta, estaba el festival.
            Cuando encuentre la forma de contarlo, convendría señalar que por descoordinación cogí un taxi desde el aeropuerto, con el que volví al mismo porque al poco me avisaron de que me estaban esperando en Salidas. Osea, que hablar con el taxista granadino me costó veintitrés euros. Ya en el coche de Pedro, explicaré que conocí a Christian Sinicco y a su mujer Daniela. Lo de la forma es importante, porque al estar rodeado de escritores uno piensa todo el tiempo en cómo describirlos o contar lo que sucede. Quizás sea mejor que los rasgos señalados sean mínimos y se vayan describiendo por sus actos. Ya lo iré pensando, queda aquí anotado.

            Convendría hacer una descripción detallada de la posesió de Margalida y esposo, en Saint Jordi, porque la casa de la señora es una señora casa, grande y con un jardín inmenso, y porque nos dieron alojamiento y desayundo. Además, el matrimonio nos acompañó a los diversos actos del festival y destiló amabilidad para con nosotros. No estaría mal buscar en libros de arquitectura para poder dar detalles. La narración de ese momento podría ir en la línea de la desubicación, rebotando de un invitado a otro, presentándome sin encontrarme del todo o tener una conversación extensa con nadie. Bueno, al menos conseguí retener los nombres y tomarme un vino. De esto también he de hablar.

            De la siguiente parada, en el hotel La Balanguera, escribiré sobre el pincho, el recital-presentación del festival con un trompetista contemporáneo que también se llamaba Rodrigo y era de Vigo. Otra vez saltando de conversación en conversación, mirando un poco como un niño asustado. Un poema cada uno, en sus diversos idiomas; creo que aquí entraría bastante bien un párrafo ligeramente lírico sobre la música de los poemas en idiomas desconocidos, sobre cómo la melodía es capaz de evocar y mecerte en un oleaje de significantes sin que los significados sean especialmente importantes. Será cuestión de componerlo. Así como también tendría que hablar de Biel Mesquida y su forma de presentarnos, llena de entusiasmo por la poesía, la cultura y los poetas en concreto.

            En la descripción de la Balanguera he de hacer hincapié en el diseño y en las obras expuestas en las paredes. Será buena idea decir en algún momento que el arte ha estado presente durante todo lo que duró el festival.

            Con todas estas notas llega para hacer una crónica mínimamente correcta del primer día del festival. Sólo hace falta encontrar el tono y el ritmo. Quizás desde el punto de vista coral, con los poetas y colaboradores conociéndose, observándose, o en tono intimista, con el torrente de emociones que yo experimentaba: nervios, timidez, algo de torpeza… igual si recuerdo las reflexiones que hice esa misma noche al volver a la posesió… bueno, puede que sin darme cuenta ya haya contado un capítulo. Después de todo, se trata de una crónica, no de una novela.